11-S: El día en que Nueva York se aferró a la radio AM
Cuando los teléfonos se saturaron y varias señales de televisión y FM desaparecieron, las emisoras informativas de AM mantuvieron abiertas sus transmisiones. Durante horas y después durante días, sus periodistas se convirtieron en la conexión de una ciudad que intentaba entender qué estaba ocurriendo.
Joan Fleischer no era reportera. Trabajaba en el área comercial de 1010 WINS y se preparaba para ir a la oficina cuando escuchó un avión volando demasiado bajo.
Subió a la azotea de su edificio, en el sur de Manhattan, y llamó a la emisora para advertir que podía producirse un accidente. Apenas alcanzó a explicarlo cuando el vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center.
Del otro lado de la línea estaba Lee Harris, conductor del programa matutino de 1010 WINS. Fleischer se convirtió así en la primera persona que relató el ataque para la emisora. Permaneció al teléfono y continuó describiendo lo que veía mientras Nueva York pasaba, en pocos minutos, de la rutina de un martes cualquiera a una emergencia sin precedentes.
También seguía en antena cuando el segundo avión impactó contra la Torre Sur y cuando se derrumbó la primera de las torres. Su reacción —“¡Dios mío, el edificio cayó!”— quedó registrada en una de las transmisiones más estremecedoras de aquella mañana. CBS New York conserva parte de su testimonio y de los audios originales.

Joan Fleisher era ejecutiva de cuentas de 1010 WINS. Lee Harris era el conductor del programa en el momento del atentado
En el estudio, Lee Harris trataba de mantener el pulso de una emisión para la que no existía ningún guion. Alternaba el relato de Fleischer con reportes de John Montone, Ben Mevorach y otros periodistas desplegados por la ciudad. De vez en cuando resumía lo ocurrido para quienes acababan de encender la radio.
No era una consideración menor. En una ciudad donde las comunicaciones comenzaban a fallar, cada nuevo oyente podía llevar horas intentando llamar a un familiar, encontrar una ruta para regresar a casa o saber si Manhattan sería evacuada.
La voz que no podía abandonar el estudio
Harris condujo las primeras horas de la cobertura de 1010 WINS. Más tarde, Judy DeAngelis ocupó el puesto de conducción. Fue ella quien acompañó al aire a Mevorach mientras el periodista avanzaba hacia el sur de Manhattan entre personas cubiertas de ceniza y describía en directo el derrumbe de la segunda torre.
La emisión se prolongó sin publicidad. Los turnos habituales dejaron de importar y la parrilla fue sustituida por una cobertura continua alimentada con llamadas, testimonios y reportes desde unas calles en las que moverse era cada vez más difícil.
1010 WINS mantuvo la programación sin anuncios durante una semana. En las primeras horas del ataque alcanzó un millón de oyentes en cada cuarto de hora y registró la mayor audiencia acumulada de su historia durante las primeras 24 horas, según una reconstrucción de Long Island Press.
Aquella respuesta tenía mucho que ver con la relación previa entre la emisora y su audiencia. Los oyentes conocían sus voces, sus horarios y su ritmo. Sabían que podían encontrar información local, tráfico y servicio cada pocos minutos.
Ben Mevorach, entonces responsable de informativos, lo explicó años después al mismo medio: la programación de WINS estaba construida sobre la rutina. El oyente de radio también tiene su rutina: conoce lo que viene, en qué momento se oyen anuncios, cada bloque del programa que escucha. Si esto no ocurre, la atención aumenta, y eso pasó el 11-S.
Ese día, la radio AM se convirtió en una especie de sistema operativo de la ciudad. Mientras la televisión mostraba imágenes difíciles de procesar, la radio repetía, ordenaba y actualizaba. Explicaba qué accesos estaban cerrados, dónde se interrumpía el transporte y qué se sabía —o todavía no se sabía— de los ataques.
Internet había colapsado, los canales de TV (los que seguían emitiendo) mostraban una y otra vez los impactos de los aviones, y se reportaba lo que estaba pasando en la zona cero. La radio aportaba información, pero sobre todo servicio.
Dos emisoras para una ciudad paralizada
1010 WINS no estuvo sola. En WCBS 880, otra de las grandes emisoras informativas de AM de Nueva York, los conductores, productores y reporteros también abandonaron la programación prevista para sostener una emisión prolongada.
Wayne Cabot, Pat Carroll y Jeff Caplan estuvieron entre las voces de estudio. Tom Kaminski aportó la perspectiva aérea desde Chopper 880, mientras Sean Adams y otros periodistas reconstruían una historia que cambiaba de dimensión cada pocos minutos. La Broadcasters Foundation of America reunió posteriormente a varios de ellos para recordar cómo trabajaron durante el ataque.

Jeff Caplan, Pat Carroll y Wayne Cabot de WCBS 880
No disponían de una visión completa de lo que estaba sucediendo. Nadie la tenía. Su tarea consistió en verificar fragmentos, corregir informaciones y dar continuidad a una conversación pública atravesada por el miedo.
Eso fue lo que hicieron las dos frecuencias informativas: 1010 y 880. Números que los neoyorquinos ya asociaban con el tráfico y el estado del tiempo se convirtieron en puntos de encuentro para una ciudad que no podía llamarse por teléfono.
La AM, tantas veces tratada como una tecnología del pasado, ofrecía algo decisivo: una transmisión podía llegar simultáneamente a millones de receptores sin que cada oyente tuviera que conectarse, registrarse o disputar capacidad dentro de una red saturada.
Cuando desaparecieron 9 canales de TV y emisoras de FM
Las Torres Gemelas formaban parte de la infraestructura de comunicaciones de Nueva York. La antena principal situada en la Torre Norte alojaba transmisores de televisión y FM.
Su destrucción provocó la pérdida permanente de dos instalaciones transmisoras de radio y nueve de televisión. Un informe de la Comisión Federal de Comunicaciones señala que WCBS-TV era entonces la única emisora comercial de noticias que disponía de una instalación redundante a plena potencia en el Empire State Building.
La caída posterior del edificio 7 del World Trade Center destruyó además un importante nodo de fibra óptica y afectó circuitos de datos, conexiones de televisión y otros servicios. A los daños físicos se sumó una avalancha de llamadas que congestionó las redes fijas y celulares.
La emisora de FM WNYC tenía su transmisor en la Torre Norte, que quedó completamente inutilizado; los ingenieros de la radio pasaron la señal a la AM 820, que tenía su centro transmisor en Kearny, Nueva Jersey, pero no fue tan sencillo: la línea que llevaba el audio desde Manhattan hasta el transmisor también se interrumpió, y aquí se evidenció una ventaja difícil de igualar, que además tuvo el aporte creativo de los técnicos: desmontaron el auricular de un teléfono y lo conectaron al procesador de audio, a través una línea telefónica se logró reponer la señal. La calidad de audio bajó, en algunos momentos se producían interrupciones, pero la emisora estaba en el aire.
La crónica técnica publicada por Radio World revela que la continuidad no fue producto de una tecnología infalible. Fue consecuencia de la redundancia, la improvisación y la cooperación entre emisoras que normalmente competían por la audiencia.
Echoes from 9/11: el podcast que narra la cronología
Para comprender el papel de la AM aquel día no basta con leer una cronología. Hay que escucharla.
Echoes from 9/11 recupera las grabaciones de 1010 WINS y WCBS 880 y las combina con los recuerdos de quienes estuvieron al aire. La producción, presentada por Wayne Cabot y Brigitte Quinn, reúne las voces de Lee Harris, Larry Kanter, Tom Kaminski, Glenn Schuck, Peter Haskell, Sean Adams, Al Jones, Judy DeAngelis y otros integrantes de ambas redacciones.
Inside Radio destacó el documental cuando fue publicado en 2021, con motivo del vigésimo aniversario de los ataques. Su escucha permite seguir no solo lo que los periodistas contaron, sino cómo fueron comprendiendo la magnitud de lo ocurrido mientras lo narraban.
El episodio dura una hora y 16 minutos y puede escucharse en Audacy y Apple Podcasts.
La radio no era infalible
No todos los sistemas de radio funcionaron correctamente. Las comunicaciones de los bomberos y otros servicios de emergencia sufrieron saturación, problemas de cobertura dentro de los edificios y falta de interoperabilidad entre agencias.
La Comisión del 11-S concluyó que el exceso de tráfico, las limitaciones de los equipos y la confusión sobre los canales impidieron que determinada información crítica llegara a todos los equipos desplegados.
Al mismo tiempo, las redes de radioaficionados ARES y RACES ayudaron a comunicar refugios, hospitales, centros de emergencia y unidades de la Cruz Roja. Cuando realizar una llamada podía requerir 15 o 20 intentos, estos operadores coordinaron personal, necesidades sanitarias y distribución de suministros. La operación se mantuvo activa durante casi dos semanas, de acuerdo con la American Radio Relay League.
En 2001, Internet ya tenía un gran desarrollo, la banda ancha que aportaba velocidad de conexión se estaba desarrollando, la fibra óptica ya estaba sustituyendo los cables de cobre. La TV, la radio, las líneas telefónicas, la telefonía móvil, múltiples canales y formatos para comunicar.
Ese día, la telefonía móvil y los teléfonos tradicionales colapsaron en New York. La radio tomó un rol fundamental para informar.
Una sociedad necesita sistemas distintos, rutas alternativas y personas preparadas para utilizarlos cuando las redes principales dejan de responder.
Quizá conviene reflexionar en 2026, en una era donde la convergencia de la comunicación se dirige hacia Internet y las celdas de 4G y 5G de la telefonía móvil. ¿Son lo suficientemente seguras ante un acontecimiento catastrófico?
¿Estamos siendo responsables erradicando la AM?
Veinticinco años después del atentado que cambió en parte el orden mundial, quien escribe este breve reportaje, fue testigo de un apagón eléctrico en España que duró unas 9 horas. En menos de una hora, los móviles quedaron inutilizados, porque las baterías de las celdas no pueden ofrecer mucho tiempo de servicio, si el sistema eléctrico se interrumpe.
Por eso pienso un momento en ese proyecto que está en el Congreso de los EEUU: que la AM debe seguir presente en todos los automóviles, porque muchos fabricantes han dejado de incluirla en su sistema de infoentretenimiento. El 11-S conserva una lección menos vistosa: un medio también se define por su capacidad para permanecer disponible cuando su audiencia lo necesita.
Durante aquellas primeras horas, Lee Harris, Judy DeAngelis, Wayne Cabot y decenas de periodistas no podían reparar las líneas telefónicas ni reabrir los túneles. Tampoco podían explicar todavía todo lo que estaba ocurriendo.
Podían hacer algo más básico: seguir hablando, escuchar a quienes lograban comunicarse y ordenar la información mientras la ciudad intentaba recuperar el sentido.
En países como Chile, Perú o Colombia, expuestos a movimientos sísmicos frecuentes, los ciudadanos deben contar con una mochila de emergencia en la que es imprescindible tener siempre una radio a pilas, una linterna y un silbato.
Quizá sea necesario que no sean las emisoras de radio las que recuerden esta función tan difícil de sustituir. TikTok o Instagram, o el iPhone más desarrollado, poco podrán hacer ante una catástrofe… incendios, inundaciones, terremotos, una guerra, un atentado; en esos acontecimientos, la radio es el medio con mayor capacidad para aportar información, ordenar, pero sobre todo, acompañar a la sociedad.
Y como lo vimos en este reportaje: un cable conectado a un teléfono puede asegurar una emisión a miles de personas.
