El smartphone toma el control del coche: ¿qué debe hacer la radio?
La radio debería asumir cuanto antes que el automóvil ya no es un territorio propio. La respuesta no pasa por defender únicamente la presencia del receptor en el salpicadero, sino por construir productos digitales capaces de competir allí donde ya está la audiencia: el smartphone, las plataformas, el podcast y los nuevos formatos de streaming. Eso exige talento joven, contenido local, nuevas formas de distribución y mucho más marketing fuera de antena.
Por primera vez, los estadounidenses de 13 a 34 años dedican más tiempo de escucha en el automóvil a través del teléfono móvil que del receptor tradicional de radio. Los datos del segundo trimestre de Share of Ear, de Edison Research, sitúan al móvil en el 46% del tiempo de escucha frente al 43% del receptor AM/FM. En 2015 la relación era exactamente la contraria: la radio dominaba con enorme distancia.
Hay una precisión importante: Edison está midiendo el dispositivo, no necesariamente el contenido. Parte de ese 46% puede corresponder también a emisoras de radio escuchadas mediante una aplicación. De hecho, la AM/FM todavía concentra el 70% del tiempo de audio con publicidad en el coche entre los 13 y 34 años. El problema, por tanto, no es que la radio haya desaparecido: es que está perdiendo el control de la puerta de entrada.
El cambio no afecta solo al dispositivo: también está modificando la lógica de consumo. Los datos de Edison Research muestran que en Estados Unidos el audio bajo demanda ya concentra el 56% del tiempo total de escucha, doce puntos más que el audio lineal. En 2020 ocurría exactamente lo contrario y en 2023 ambos modelos empataron. La evolución es especialmente relevante entre los públicos jóvenes, acostumbrados a elegir qué escuchar, cuándo hacerlo y desde qué dispositivo. Entre los estadounidenses de 13 a 34 años, por ejemplo, el podcast ya representa el 53% del tiempo dedicado al audio hablado, frente al 23% de la radio AM/FM.

La amenaza para la radio no es solamente que otro dispositivo ocupe el salpicadero; es que una generación completa está aprendiendo a relacionarse con el audio desde la lógica de la elección y no desde la programación.
El reconocido consultor internacional, James Cridland, lleva tiempo señalando esta transformación desde otra perspectiva. La radio sigue pensando muchas veces que compite contra otra radio —quién tiene más música, mejores éxitos o más variedad— cuando la verdadera competencia ya está fuera de ese perímetro. El desafío es convencer a alguien que dejó de escuchar radio de que vuelva a hacerlo.
El automóvil dejó de ser un dial
Durante décadas, encender el automóvil significaba casi automáticamente encender la radio. Ese vínculo era una formidable ventaja competitiva: el medio venía instalado, era gratuito y exigía un esfuerzo mínimo. La conectividad rompió esa relación.
El teléfono se conecta al vehículo y Android Auto o Apple CarPlay convierten la pantalla del salpicadero en una extensión del smartphone. A partir de ese momento, la radio queda por detrás de la pantalla, y entran en escena Spotify, YouTube Music, Apple Music, podcasts, audiolibros y cualquier aplicación capaz de ocupar ese tiempo.
La tendencia tampoco parece exclusivamente estadounidense. En España, el Estudio de Audio Digital 2026 de IAB Spain muestra que el 82% de los internautas ya consume audio digital y que YouTube y Spotify son las principales aplicaciones de escucha, especialmente entre los más jóvenes. El smartphone es el dispositivo que facilita esa escucha durante desplazamientos y otras actividades cotidianas. No permite afirmar que en España ya haya ocurrido el mismo adelantamiento que Edison mide en EE. UU., pero sí muestra que las condiciones de consumo avanzan en la misma dirección.
Los 3 mayores competidores de la radio en el automóvil
El primero es la música en streaming. Spotify, YouTube Music o Apple Music ofrecen º. No hay que buscarlos en el coche: llegan con el teléfono.
El segundo es el podcast. Edison acaba de registrar otro cambio histórico en Estados Unidos: desde finales de 2025, el podcast ya concentra ligeramente más tiempo de escucha de audio hablado que la AM/FM, 40% frente a 39%. El usuario puede decidir qué escuchar, cuándo hacerlo y continuar exactamente donde lo dejó.
El tercero son los nuevos canales de streaming conversacional. Particularmente en América Latina, han logrado conectar con públicos jóvenes mediante algo que resulta paradójicamente familiar para cualquier profesional de radio: conductores, conversación, actualidad, humor, invitados y programación en directo.
Su innovación no está necesariamente en el formato. Muchas veces está en las personas y en la agenda.
Un problema de edad, pero sobre todo de producto
¿Quién está hablando con los menores de 30 años?
En numerosos mercados encontramos emisoras dirigidas nominalmente a públicos jóvenes cuyos principales conductores superan ampliamente la edad de ese target. La edad, por sí sola, no invalida a nadie ni garantiza conexión, pero cuando programación, talento, temas y referencias culturales se alejan sistemáticamente de la vida de la audiencia que se pretende conquistar, aparece un problema de producto.
Los nuevos canales de streaming han hecho prácticamente lo contrario: entregaron el micrófono a personas de la misma generación que sus audiencias. Eso implica también riesgos. Buena parte de esas propuestas todavía depende demasiado de conversaciones de estudio, entrevistas y opinión, con calidad editorial muy desigual.
Ahí la radio tiene una oportunidad extraordinaria, porque conserva algo que muchos de esos nuevos medios todavía no tienen: redacciones, conocimiento profesional, capacidad de producción, presencia territorial y experiencia construyendo información todos los días.
¿Por qué una industria con mucha más experiencia como la radio no consigue convertir esa ventaja en productos jóvenes mejores?
La mayor fortaleza sigue estando en la calle
La radio conserva una fortaleza difícil de copiar: su dimensión local.
Puede estar en una calle, en una escuela, en un estadio, en una manifestación, en un barrio o delante de una historia cuando ocurre.
Sin embargo, muchas empresas han reducido precisamente aquello que las hacía diferentes: periodistas en la calle, móviles, productores buscando historias y corresponsales locales.
Mientras tanto, numerosos canales digitales continúan concentrados en estudios donde personas hablan con otras personas.
Ahí existe una ventana.
La radio puede combinar la agilidad, la cercanía y la identidad visual del streaming con aquello que mejor sabe hacer: encontrar historias, verificar información, narrar la realidad y estar físicamente donde suceden las cosas.
Proteger la AM no resuelve el problema
En Estados Unidos, la Cámara de Representantes aprobó en septiembre de 2026 el “AM Radio for Every Vehicle Act”, que obligaría a los fabricantes a incluir radio AM sin coste adicional en los vehículos nuevos. La iniciativa cuenta con un amplio respaldo bipartidista y todavía debe completar su trámite en el Senado. Sus promotores destacan especialmente el papel de la AM en emergencias y como infraestructura de información pública.
Es una discusión legítima sobre seguridad, acceso universal e infraestructura.
Pero hay otra discusión empresarial completamente diferente.
Conseguir que el receptor siga dentro del automóvil no garantiza que alguien lo utilice.
El smartphone entra con el conductor. Se conecta automáticamente. Recuerda lo último que estaba escuchando. Conoce sus gustos. Conserva sus suscripciones. Y cada año la integración entre teléfono y vehículo resulta más sencilla.
Por eso la defensa de la radio no puede descansar exclusivamente en conservar un botón.
Cinco decisiones que la radio debería tomar ahora
Primero, crear productos digitales paralelos con las marcas existentes. No subir fragmentos de antena y llamarlo transformación digital. Crear productos específicos para audiencias que hoy no llegan a la FM.
Segundo, dar espacio real al talento joven. No incorporarlo únicamente para adaptar ideas viejas a TikTok o Instagram. Dejarlo decidir temas, formatos, lenguaje y producto.
Tercero, recuperar la calle. La ventaja de la radio es poder combinar conversación con información original, territorio y periodismo propio.
Cuarto, competir también en marketing. Si Spotify, YouTube y los nuevos creadores están donde está el público, la radio también debe promocionarse allí. Publicidad exterior, campañas digitales, Spotify, YouTube, redes y eventos deberían formar parte habitual del presupuesto de construcción de marca.
Y quinto, dejar de definir la radio por su canal.
Una frecuencia de FM es un mecanismo de distribución. Un stream es otro. Una aplicación, un podcast o un canal de YouTube son otros.
El producto real de la radio es otra cosa: una experiencia de comunicación masiva y, al mismo tiempo, íntima; una voz que acompaña, interpreta lo que ocurre y construye una relación cotidiana.
Durante décadas el automóvil entregó esa relación a la radio casi por defecto.
Ahora hay que volver a ganársela.